Ysidra del Rosario: Exito empieza con “y”


Ysidra del Rosario2Las sombras de la madrugada se esconden en los cubos donde el líquido tibio y blanco aleja el vacío. Ysidra y Don Butten exprimen con suavidad y sin descanso las ubres llenas de leche: saben muy bien que cuando el sol alumbre, habrá 21 vacas y 3 becerros mugiendo y tratando de salir del corral a comer el pasto fresquito y mojado por el rocío.
Es por eso que su jornada de trabajo empieza tan temprano, porque ya a las seis y media de la mañana terminan de ordeñar y se preparan para llevar a “La Quesera Santo” su producción del día.
De los tres hijos de su familia solo está en casa la más joven, que estudia en la universidad, y el pequeño Joseph. Al niño de 7 años le gusta ordeñar vacas y está aprendiendo, cada día lo hace mejor. Ysidra y Don Butten lo atienden (junto a otra familia) desde que sus padres se fueron del país y lo dejaron abandonado. Por eso el esfuerzo del matrimonio no solo consigue el sustento diario, también contribuye a educar y hacer un hombre de bien a este hijo que la vida les ha traído después de haber criado los propios.
¿Cómo imaginar hace quince años, cuando Don Butten ordeñaba por un mal pago las reses de otro, que llegarían a tener su propio ganado y que con el ordeño y su siembra de yuca, maíz y plátano saldría adelante la familia? La mujer prepara el desayuno con su mejor sonrisa. Ysidra empezó a ordeñar desde muy jovencita y, gracias a los créditos recibidos, pudo comprar 4 vacas más, multiplicadas por 5 ahora, gracias al esfuerzo de ella y de su esposo; ambos comparten su vida, los ingresos comunes y sus intereses.
“Nada te regalan en la vida; el pan hay que ganárselo con las manos”, parece decirle Ysidra a Joseph cuando lo deja que sea él quien ordeñe a la vaca pinta. La ayuda es importante, pues los 4 préstamos recibidos de parte de ECLOF Dominicana y el buen manejo que le han dado los llevó a aumentar su ganado y así mismo su producción, gracias a su voluntad de acero.
Nadie podría adivinar cuando la ve con su ganado que esta recia mujer, no solo es la trabajadora infatigable y la madre tierna, sino también la alcaldesa del lugar. Desde hace siete años certifica y legaliza los trámites de alquiler, defunciones, ventas de tierra y otros asuntos que exigen la aprobación de la autoridad dentro de la comunidad.
Con su sencillez proverbial explica cómo accedió al cargo:
“Me tocó ir un día donde el Alcalde a hacer un escrito, y el que tenía esa posición no sabía bien qué hacer, así que le pedí que me enseñara los papeles para ayudarlo, aprendí lo que decían los formularios y estuve apoyándolo hasta que lo pensionaron y me cedieron la posición de Alcalde”.
Ysidra no es la presidenta de una corporación o una compañía multimillonaria. Aunque tienen sus ahorros, no veremos cifras astronómicas en su cuenta de banco, pero cuando se hable de Éxito, con letras mayúsculas, se pensará que luego de conocerla, hay que escribir la palabra con la Y de su nombre.