Nuestra historia


logo viejo     new-eclof-logo-840x360      eclof-logo 30

La Ecumenical Church Loan Fund (ECLOF) es una organización ecuménica sin fines de lucro, registrada en 1946 en Ginebra, Suiza. En sus comienzos, ECLOF otorgaba préstamos para la reconstrucción de templos en Europa central y occidental después de la guerra de 1939/45, la segunda guerra mundial.

Al finalizar dicha Guerra, a finales del año 1945, Europa, que fue el principal escenario de ese acontecimiento nefasto, quedó diezmada en población, infraestructura y medios materiales de sostenibilidad humana y social. Muchas iglesias de diferentes denominaciones, ubicadas en el centro del conflicto bélico, sufrieron, desde destrucción parciales hasta la pérdida total de sus edificaciones.

En ese contexto, el acompañamiento de las iglesias a la población, era más que necesario, urgente, incluyendo la labor educativa que siempre ha formado parte del quehacer de estas entidades; pero la falta de recursos financieros era evidente, pues los feligreses que siempre han sustentado las obras de sus iglesias, estaban inmersos en afrontar sus situaciones particulares.

En el año 1946, un pequeño grupo de ciudadanos suizos, con la asesoría de algunos banqueros, crearon ECLOF INTERNACIONAL, con el propósito de otorgar préstamos a las iglesias, sin importar su denominación, para construir, reconstruir y ampliar sus locales para los servicios religiosos, las catequesis y la formación pedagógica de la población.

La recuperación de la economía europea facilitó el retorno del capital prestado a las iglesias y esto motivo la idea de la expansión a otros continentes. En el año 1959 se abrió la primera oficina fuera de Europa y a la fecha se cuenta con oficinas en 9 países en América, 5 en África y 5 en Asia Pacifico.

A finales del año 1982, ECLOF INTERNACIONAL, a través del Centro de Planificación y Acción Ecuménica, (CEPAE), inició el proceso de apertura de una oficina de microcréditos en República Dominicana, conforme a los criterios y objetivos de este fondo. Se trataba entonces y sigue vigente: Contar con una organización de microfinanzas dedicada a la familia ecuménica, para ofrecer servicios financieros a personas de bajos ingresos económicos y vulnerables, para facilitar que éstos construyan un medio de vida sostenible que les permita cambiar la dependencia y la incertidumbre, por autosuficiencia y estabilidad.

Tal como fue convenido con ECLOF INTERNACIONAL, CEPAE, hizo contacto con las Iglesias Evangélica Dominicana y Episcopal y se conformó un Comité Nacional ecuménico y multidisciplinario, para iniciar los préstamos a la población meta. El Comité tuvo su sede en las oficinas de CEPAE y los fondos para los préstamos, se transferían desde ECLOF Ginebra a una cuenta exclusiva a nombre de dicha institución. En 1984, se creó ECLOF DOMINICANA, con personería jurídica propia y una composición ecuménica, por la diversidad de iglesias y personas independientes que concurren en su asamblea.

En sus inicios, como sigue siendo en la actualidad, los préstamos llegaban a la población más carenciada: Campesinos, pobladores urbanos, iglesias y escuelas dirigidas por iglesias, tal como estaba previsto; pero más apegada al sentido de caridad y paternalismo que a la idea de contribuir con la construcción de un medio sostenible de aumento de la calidad de vida de los usuarios del microcrédito.

Esta concepción favorecía el no pago de los préstamos, lo que fue acumulando una mora e incobrabilidad, solo sostenible, porque, en ese primera etapa, ECLOF Dominicana, gestionaba y obtenía con instituciones de Cooperación Internacional, tales como EZE, ICCO y otras, fondos no reembolsables, para préstamos y gastos operativos. Esta práctica alejaba a la institución de la auto sostenibilidad, indispensable para una institución crediticia. Aunque se hacían gestiones para recuperar los préstamos, casi siempre se terminaba justificando al beneficiario del crédito, por la situación de marginalidad social en que viven. Esta actitud que parecía entendible, obviaba el objetivo central de este crédito que era justamente contribuir a disminuir la marginalidad. El crédito, concebido para constituir un círculo virtuoso que disminuyera la pobreza, se convertía en círculo vicioso para reproducirla.

En la actualidad contamos con una institución de crédito justo, totalmente saneada que se maneja con estrictos mecanismos de controles conforme a las normas de contabilidad y gerencia internacionalmente aceptadas de una institución crediticia, estadísticas confiables, reglamentos y estatutos de gobernabilidad adecuados. Y sobre todo con indicadores cuantificables de que se está trillando el camino de contribuir con la construcción de un medio idóneo para rescatar a los usuarios de nuestros créditos de su condición de pobreza crítica.